"Sin duda ser negociado no es, para un sujeto humano, una situación rara, en contra de la verborrea que se refiere a la dignidad humana, incluidos los Derechos Humanos. Todos, a cada instante y a todos los niveles, somos negociables, puesto que lo que nos entrega toda aprehensión un poco seria de la estructura social es el intercambio. Todos sabemos que la política consiste en negociar, y esta vez, al por mayor, por paquetes, los mismos sujetos, llamados ciudadanos, por centenares de millar."
Jacques Lacan - En 'Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis'

"Decir hoy «gobierno socialista», o «socialdemócrata», o «conservador», o «liberal», y llamarle «poder», es nombrar algo que no se encuentra donde parece que está, sino en otro inalcanzable lugar –el del poder económico, efectivo, determinante y actuante, cuyos contornos podemos percibir en filigrana por detrás de las tramas y de las redes institucionales, pero que se nos escapa cuando intentamos acercarnos a él, y que contraataca si tenemos la veleidad de reducir o regular su dominio, subordinándolo a los intereses generales."
José Saramago - En SOBRE LA DEMOCRACIA

"Una parte indispensable de la felicidad es carecer de algunas de las cosas que se desean."
Bertrand Russell - En 'La conquista de la felicidad'

La libertad en las democracias siempre es vigilada y proporcional al volumen de negocios que facilita.
Genista - Esbozos

"Los problemas de la humanidad nunca han sido las carencias vitales de muchos sino las ambiciones desmedidas de pocos."
Xavier

Xavier también se moja en el tema Bolonia

Hola genista,

Si... no es mal remedio mojarse en la ducha de la presión universitaria otra vez, para salir de sueños y espesuras. Porque... ¿de qué nos ha servido haber seguido estudiando tanto después del 68, como si nada hubiera pasado? ¿Cómo podemos haber llegado a hacerlo tan mal?

Siempre tuve una visión, como con todo, demasiado cándida de la Economía. Pensé que se trataba de otro campo más de estudio, de reto a la investigación y al trabajo, para resolver unos cuantos problemas de los muchos que parecía padecer la humanidad. Pensé que quizás algún día alguien, bendito inocente como yo, pero más capaz, encontraría la vacuna de algún virus malicioso que podría curar alguna de nuestras enfermedades económicas.

Pensé que se trataba de encontrar la manera de gestionar bien los recursos escasos. Que lo difícil era solucionar el problema de las carencias... Pero luego... luego está la vida... la que te muestra que los problemas de la humanidad nunca han sido las carencias vitales de muchos sino las ambiciones desmedidas de pocos.

No se trata ya de establecer el correcto equilibrio entre la oferta y la demanda. No se trata de que sepamos encontrar la manera de coordinar nuestros esfuerzos para que a nadie le falte lo que se merece, aunque sólo sea por dignidad humana.

Se trata de que hay mucho esfuerzo, recursos, e inteligencia dedicados a conseguir que todo el mundo carezca de lo que abunda, y a que finalmente, todos necesitemos de lo que sólo está en poder de unos pocos. Se trata de que, satisfecho el hambre, parece que no es tan fácil satisfacer las ansias de poder. Estamos enfermos. Enfermos de poder. Enfermos por ansiar llenarnos de vacio. Éste es el problema.

Cuando no sabíamos cómo hacerlo, nos costaba encontrar el calor, el agua... luego nos ocupamos del pan y de las pochas... Y cuando empezamos a controlar nuestra supervivencia, continuamos con aquello que aseguraba la de nuestros hijos: el territorio, la casa... inventamos la propiedad y el dinero... Y como a algunos no les fue mal, empezaron a pensar en sus nietos... inventando el progreso industrial y tecnológico, el capital y el conocimiento.

Ahora ya sabemos cómo avanzar en la nave del progreso. Sí... ya lo sabemos. Lo hemos llamado de muchas maneras. Últimamente... neoliberalismo. Mientras aprendíamos a conseguir lo innecesario para nuestros nietos, nos hemos olvidado de si con ello además, estábamos privando de lo necesario a los hijos de algún prójimo. Pero.... ¿a quién parece importarle esto? Con lucha igual o desigual, se ha llegado a este punto a trompicones, bofetadas y patadas en la espinilla. El progreso es como una gran batalla, una botella llena de vencidos y un pequeño tapón de vencedores. Sangre, odio, rencor... así que... ¿quién se preocupa de un vencido?... ¿Se trata de un mundo escaso, no?... Y si para que un vencedor pueda comprar un televisor, algún perdedor se tiene que privar de comer en otra parte del mundo... que le den!... ¿No? ¿Y a sus hijos...? A sus hijos... también. Es peor que una batalla. Es la propia guerra. Las batallas suelen tener un final. Termina la disputa y se acaba la violencia. En un mundo de recursos escasos, en paz pero neoliberado de prejuicios, la expoliación parece no tener límites ni final. Ni en la cantidad, ni en el tiempo.

Pero además... ¿es el mundo realmente un recipiente tan escaso de bienes? Sí... lo es. Y si no los administramos bien, ciertamente nuestros nietos no nos lo agradecerán. Pero éste no es el problema. ¿Lo repito?

Se trata de que hay mucho esfuerzo, recursos, e inteligencia dedicados a conseguir que todo el mundo carezca de lo que abunda, y a que finalmente todos necesitemos de lo que sólo está en poder de unos pocos. Se trata de que, satisfecho el hambre, parece que no es tan fácil satisfacer las ansias de poder. Estamos enfermos. Enfermos de poder. Enfermos por ansiar llenarnos de vacio. Éste es el problema.

Andamos escasos de agua, de petróleo, de energía, de sostenibilidad, pero lo importante es la crisis ética: la carencia de confianza, de credibilidad. A qué sino el reflejo de la crisis financiera, donde ya no existe confianza ni entre los Bancos. Ni tampoco con la clase política a quien, no debemos olvidar, elegimos democráticamente en los países cultos y desarrollados. Pero más aún, de lo que hay auténtica sequía es de vergüenza, cuando aceptamos o imponemos sin el menor sentido de ofensa o culpabilidad, los innumerables e innecesarios límites que en nuestro desarrollado mundo se aplican al acceso de un recurso infinito e inmaterial: la información.

Es tan evidente que deslumbra. En estas páginas, nos lo recuerdas permanentemente citando a Jacques Attali. A nadie se le ocurre pensar que la información es un problema de escasez: si yo cedo la información que poseo, no me quedo sin ella. La información no es un recurso escaso sujeto a la limitación física de su finito reparto material. El conocimiento es el más valioso de los recursos, y el más fácil de regalar. Pongámoslo claro: la información y el conocimiento son claves para mantener el estatus de dominio sobre los demás: por esto no se cede, por esto no se reparte, por esto se limita su acceso y por esto hay auténticos profesionales de la mentira. A la información le hemos puesto, con la enseñanza, un precio en nuestro grandioso sistema democrático. Un precio lo suficientemente alto como para que no puedan pagarlo los perdedores de aquí y del tercer mundo. Para que así pueda perpetuarse su estado.

El proceso de Bolonia no es un mal en sí mismo. Lo es en la medida en la que la armonización del sistema educativo universitario europeo sólo sirva, como bien dices, para facilitar el libre mercado de un nuevo negocio: la enseñanza, y nos aleje en cambio del diálogo por la liberalización y acceso universal a la educación y a la información como recurso básico de bienestar para la humanidad, y como herramienta, no de poder, sino de defensa frente al poder desmedido. La escasez de recursos naturales es un problema serio. La escasez de confianza y credibilidad en el sistema financiero es un escándalo. Que nos olvidemos del libre acceso a la educacion y a la información es una vergüenza.

La información no es un recurso escaso. La enseñanza, la educación y la cultura deben estar al alcance de todos y para todos. Este es el gran reto de la humanidad. Y no es la tecnología quien lo impide. Al contrario. Internet pone a nuestro alcance la satisfacción de esta necesidad para todos de un modo accesible y económico. Somos las personas quienes lo impedimos. Nuestra mezquindad. Nuestras mentiras.

Perdona la longitud. Me ha salido así. Va a ser mejor, al final, que esté un poco turbio.

Un abrazo,

Xavier
21.12.08 @ 22:20